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Killer Touchdown

 Edad: 17 Cantidad de envíos: 10
 | Tema: Apartamento. Sáb Ene 07, 2012 10:06 am | |
| La luz de la mañana relucía, molestando en mi cara, ya que quería seguir durmiendo en mi... banco. Sí, estaba tumbado en un banco que me encontré por la calle y tapado con mi chaqueta. No había encontrado un hogar en donde alojarme todavía. Me levanté, me puse las gafas, me abrigué con la chaqueta y a la hora de calzar el pie izquierdo, sentí un pellizco en el dedo gordo. Pegué un grito que hasta las aves que estaban aún escondidas en los árboles y una señora de cabello cano me tiró una zapatilla en la cabeza por armar barullo a esas horas de la mañana. Era un ratón que se había sentido amenazado por la presencia de mi pie en dónde él tomaba como su nuevo hogar. Lo cogí por el rabo y le solté cerca de un arbusto que yacía por ahí cerca. Me seguí calzando, sacudí mi ropa , armé mi Tsubaki y me puse en marcha para a ver si me podía encontrar un edificio para dormir mejor, por lo menos, o un pequeño trabajo. Me estiré a la vez que se me crujían los huesos por la mala postura que tenía en el banco. Las calles estaban vacías, como si estuviera en una ciudad fantasma, bueno, acababa de salir el sol y la gente seguro que estarían aún disfrutando del placer de Dioses de estar en la cama, calentitos, con su manta y su almohada...
Seguí andando mientras bostezaba. Me encontré con una tienda que acababa de abrir. Era una pescadería y el que atendía era un viejo con un bigote bastante gracioso. Me acerqué a él y me ha preguntado si quería comprarme algo. No... mire. Quería preguntarle si le hacía falta ayuda con el trabajo. Soy nuevo en la ciudad y quería conseguir un dinerillo... El viejo, amablemente, me aceptó. Me dijo que limpiara todos los pescados e intentara vender alguno. Tenía que hacerlo, aún que odie el pescado. Empecé a limpiar, sacarle las escamas, las tripas... a diferentes pescados que se presentaban en unas cajas llenas de hielo. Conseguí vender bastante, aún que tardé no sé cuanto con una señora, no se decidía cuantos besugos quería. Cuando avisé el viejo de las ganacias, él me ha dado la mitad. Me brillaron los ojos. Le agradecí al viejo un montón y le di un gran abrazo.
De vuelta a perderme por las calles, me encontré con una niña que estaba llorando enfrente de un árbol. Me acerqué a junto ella y le pregunté la razón de su llanto. Me respondió de que su gato se había subido al árbol y no bajaba. Me daba pena la niña, la verdad. Sin pensármelo dos veces, trepé por el árbol e intenté coger al gato que se situaba en una rama algo apartado de mi alcance. Viendo que mis esfuerzos eran en vano, gatee por la rama. Sentía de que si seguía se iba a romper y el gato tal vez se haría daño. Fui poco a poco hasta que conseguí agarrar el gato. Desvié mi mirada hacia la niña y se veía que una sonrisa se dibujaba en su rostro. De pronto, sonó un crujido y sin que tuviera tiempo de bajar, me caí de la rama ya que se había roto. Yací en el suelo, alzando el gato intacto sin ningún tipo de fractura o trauma. La niña, felizmente, cogió al gato y me regaló un beso en la mejilla dándome las gracias por "salvar" a su pequeño felino.
Me levanté, sacudiendo nuevamente la ropa, y me fui a buscar un edificio cuanto antes. Con tanto deseo he encontrado un edificio, no muy alto, y algo vieja. Yo todo ilusionado me fui directamente hacia el casero. Era un señor, algo envejecido, posiblemente de origen ruso por su acento al hablar. Olía mucho a alcohol, cosa que era algo desagradable. Me enseñó uno de los cuatro apartamientos que estaban disponibles. Era bastante... pequeño, pero me llegaba. Había dos habitaciones, en una de ellas estaba la cocina instalada y aparte había un cuarto de baño, solo estaba el retrete y la ducha. Y en la otra habitación había una cama y un armario. Me gustaba, era acogedor, y no olía a tan mal como en el que estuve en Santa Destroy. Le pregunté al casero cuanto tendría yo que pagar al mes. El me respondió con una cifra de lo más aceptable y claramente me quería quedar. Me dejó solo, cerré la puerta y me tumbé en la cama.
Recordé la sonrisa del viejo pescadero y de la niña y eso me hizo pensar de cómo me podía yo dedicar a matar gente... Ah, ya me acuerdo, porque quería algo con más acción. Sacando la lista de asesinos de Mangetsu, salí del apartamento y del edificio, pero accidentalmente choqué bruscamente con una persona cayendo ambos al suelo. No me fijé de quien se trataba ya que prestaba toda mi atención a la lista. Ahg... joder, mira por donde v... ejem, quería decir, perdón. ¿Estás bien?- Dije a la vez que me frotaba la cabeza ya que me la había chocado contra el suelo. |
|  | | Lyneth

 Edad: 17 Localización: Here owó Cantidad de envíos: 90
 | Tema: Re: Apartamento. Sáb Ene 07, 2012 11:53 am | |
| Había estado durmiendo hasta tarde ese día. Era raro para una joven adolescente estar durmiendo hasta tarde en épocas en las que las clases iniciaban y los alumnos asistían a los colegios desde temprano. Sin embargo Lyneth había aprovechado aquellos pocos meses que llevaba apenas en la ciudad para recorrerla y conocer, si no todos, la gran mayoría de los lugares turísticos y la ciudad en general. Le interesaba mucho ir a conocer la urbe ya que ese era el destino que había decidido para su nueva vida y por ende tenía que conocerla. Normalmente la gente se daba a la tarea de primero asentarse y adaptarse a la ciudad comenzando a asistir a clases o tomando un trabajo mientras conocían, poco a poco la ciudad. Pero ella era diferente y le gustaba hacer las cosas diferentes, experimentar un poco y luego hacer lo que debía, sintiéndose más relajada y sin presiones. Y entonces así, era. Estos dos meses solo habían sido de recorrer la ciudad unos días y descansar en casa o en un parque cercano los días que no quisiera salir, leyendo algún libro de los que antes había podido comprar en su casa anterior, los cuales se sabía al derecho y al revés, pero que aún seguía sintiendo necesidad de volver a leer. No trabajaba ni estudiaba tampoco, y ese era el problema.
Tras media mañana, se había despertado a causa de la dueña de la pequeña casa que estaba alquilando en el centro de la ciudad, en una colonia que si bien no era tan lujosa como a lo que ella se había acostumbrado cuando era más pequeña, tampoco estaba tan mal. El eco de la puerta siendo golpeada resonó por toda la casa y aunque estaba lejos del mismo cuarto de la chica, lo escuchó. Asustada, se despertó de golpe sentándose en la cama aún con las sábanas sobre sus piernas. Por un momento se distrajo y pareció como si sus sentidos se hubieran desconectado. Se sentía un poco cansada y sus ojos aún veían borroso. Escuchaba un sonido, como de un puño golpeando la madera, pero se escuchaba tan distante y con distorsión, como si estuviera soñando algún sueño loco dónde el protagonista es pequeño y escucha a un gigante hablar a lo lejos, causando una especie de eco bastante grave en el ambiente. Tras un bostezo sus oídos se destaparon y entonces pudo escuchar mejor. Claramente alguien llamaba a la puerta desesperadamente, lo que desconcertó a la chica en pijama. “¿Quién podría ser?” Era una interrogante bastante común para cuando alguien llamaba a la puerta, pero en este caso era diferente para ella. Lyn no tenía aún muchos amigos y los “conocidos” que tenía en Mangetsu no eran para nada lo suficiente de su confianza como para darles la dirección a su casa. Suspiró suavemente antes de bostezar con mucha pereza. Tras tallarse un poco los ojos con las manos se levantó de la cama apartando las cobijas y se levantó colocándose las pantuflas azules que ya estaban lo suficientemente gastadas de tantos años de uso. Abrió somnolienta la puerta de la habitación y caminó al pasillo que daba a la sala mientras se levantaba el cabello en una coleta aflojada a una altura un poco más debajo de su cabeza. Abrió la puerta aún desorientada por el suelo y sin fijarse que aún estaba en pijama, un poco despeinada y con una cara tan graciosa como la de un niño pequeño recién levantado.
No es que la hubiera corrido por no pagar, eso no. Lo que había sucedido era que la señora había ido a cobrarle la renta del primer mes olvidando que la chica le había pagado por adelantado, la había invitado a pasar para conversar un poco sobre las siguientes mensualidades del alquiler y, Lyneth casi le había dado un infarto de lo caro que le resultaba para su economía actual. Y entonces una vez que la señora se había ido se había plantado dos opciones, trabajar arduamente para poder mantenerse en ese lugar que le gustaba tanto, pero que era demasiado costoso para ella aún, o buscar un lugar más barato con el que el dinero pudiera rendirle por lo menos dos mese más.
Y entonces ahí estaba, buscando el conjunto de apartamentos supuestamente de alquier bastante barato que le había recomendado la mujer que le rentaba la casa. No es que fuera definitivo que se fuera a salir de la casa dónde estaba ahora, ya que se lo estaba pensando muy bien pues, después de pasar varios días acomodando todo tal y cómo le gustaba, le dolía un poco dejar esa casa. Solo iba a echar un vistazo y entonces decidiría qué hacer. Entró y subió la escalera un poco distraída mirando el lugar con detalle. Una mujer, que suponía que vivía en uno de esos departamentos, le había dicho al topársela abajo cuando recién había llegado, que el señor que rentaba esos departamentos estaba arriba echando un vistazo a los demás inquilinos, para ver si se ofrecía algo. Al subir las escaleras iba mirando los desgastados escalones de madera que se notaban más que sucios por tanto paso. Siempre le había dado curiosidad cómo en las habitaciones o en el piso en general siempre se notaba más gastado el centro que los bordes dónde topaba la pared. Aún había barniz en los costados, como si estuviera nueva o recién pintada esa parte. Su pie tocó el último escalón y entonces llegó al pasillo por el que continuó andando mirando las puertas gastadas. No era un lugar tan acogedor y bonito, pero quizá podría funcionar, no sabía. Un golpe le hizo caer de espaldas sobre el suelo, haciendo que se golpeara el trasero y tuviera que recargar sus codos en el piso para no caer completamente y golpearse en la espalda. Se quejó con un gemido desconcertada, pues no había sido consciente de que alguien había chocado con ella. Miró a la persona con la que chocó un momento y frunció el ceño. Iba a estar a punto de recordarle a su madre y a cualquier cosa además de ella, pero reaccionó de manera madura y suspiró. Había sido culpa de ambos por andar distraídos, así que no tendría por qué desatar su lado enfadón.
-Auch… -Pronunció levantándose solita del suelo. Miró al joven un momento- Sí, estoy bien… No te precupes –Murmuró de pie un poco inclinada hacia el frente, mirándole con un poco de preocupación, pues estaba casi segura que se había lastimado la cabeza con el suelo- ¿Tú estás bien? –Y como si fuera una niña pequeña se agachó, colocándose de cuclillas frente a él, mirándole fijamente- Disculpa, iba distraída…
 Gracias Camile por la hermosa firma que me has hecho~ <3 |
|  | | Killer Touchdown

 Edad: 17 Cantidad de envíos: 10
 | Tema: Re: Apartamento. Dom Ene 08, 2012 7:26 am | |
| Al levantarme me topé con el rostro de una joven, que por lo visto estaba de cuclillas enfrente de mi. Retrocedí por el susto y me levanté sacudiéndome la ropa. Me fijé, una vez más, en la joven. Era bastante mona y parecía más joven. -Sí, estoy bien... y bueno, parte de culpa era mía ya que yo también estaba distraído con mis asuntos. Por cierto, me llamo Travis Touchdown, pero por razones laborales es preferible que me llames Killer. ¿Tú cómo te llamas?- Al mencionar lo de mis asuntos, me hizo recordar lo que estaba haciendo antes. Me di de cuenta de que mi lista que contenía los nombres de los homicidas de la metrópoli. Me caería al chocarme con la joven. Analicé la área con mi mirada, en busca del folio. Lo encontré justo al lado de los pies de la chica. Lo cogí y lo guardé en el bolsillo arrugándolo como si de un pañuelo se tratase. Desvié la mirada hacia la joven. -Por cierto... ¿Vives aquí? Es que no hace mucho vine a Mangetsu y me instalé en este pequeño apartamento.
Conversamos un poco, me dijo de que ella se llamaba Lyneth y que buscaba un lugar más barato para instalarse aún que no estaba muy segura de lo último. Yo la había recomendado el mismo edificio donde recientemente me instalé. Era bastante barato como de pequeño, pero se puede acostumbrar. Le dije también que si necesitaba algo que se pasase por mi puerta ya que siempre la recibiría con los brazos abiertos. Estaba bien tener ya una vecina con la que me lleve bien, la verdad, en dónde vivía yo, estaba rodeada de gente muy gruñona y poco sociable.
Después del diálogo que tuvimos, salí del edificio para comenzar la caza de asesinos. Con lo grande que es Mangetsu, me daba mucha vagancia pero tenía que hacer mi deber. Se hizo ya de noche y aún no encontré al susodicho asesino, el que ocupaba el 41º puesto de la lista, que correspondía con el nombre de Senior Bartolini da Vinci. Es el jefe o el "padrino" de una supuesta mafia que rondaba por la ciudad, arrebatando la vida de muchas personas y quedándose con sus propiedades así hasta que Mangetsu esté bajo sus pies.
Me cansé y fui a comprar una bebida en una máquina de refrescos que estaba por ahí cerca. Cogí un refresco de cola y me senté en un banco, mirando hacia la carretera principal de la ciudad, alumbrada por varias farolas que emitían una luz anaranjada, algo débil. Se me vino a la mente la chica que conocí en el apartamento. Me preguntaba que estaría haciendo ella. De pronto, un montón de limusinas dominaba la carretera. Me picaba la curiosidad, no me pintaba bien. Salté y me subí encima de uno, intentando hacer el menor estruendo posible. Después de un viaje corto, nos paramos en un puerto. Yo me bajé de la limusina y me escondí detrás de unas cajas para espiar, para ver lo que tramaban. Salían muchos hombres vestidos igual, de traje negro. Uno de ellos, el más viejo, llevaba agarrada una persona, a una chica. Escuché a un hombre pronunciar el nombre de "Senior Bartolini" y el viejo había respondido. Sorprendido, vi que era el asesino que buscaba. Cogí la lista y taché su nombre. Me sentía seguro de mi mismo, no parecía tan difícil ya que es solo decapitar unas cuantas cabezas y rematar con el viejo.
Desenvainé mi Tsubaki y pegué un salto. De un tajo, eliminé a tres de los subordinados. El resto, sorprendidos, se botaron contra mi. Rodeado, fue eliminando uno por uno, manchando el suelo de la sangre de mis víctimas. Una voz ronca resonaba en el lugar. Decía: "Te estaba esperando, Killer, sabía que ibas a venir a por esta joven". No me había fijado bien en la joven. La eché un vistazo y era la joven Lyenth del apartamento. Suéltala- Dije seriamente, a lo que él me contestó que no lo haría antes de verme muerto. Vale... entonces me da igual. Mátala si quieres, no me interesa. Pensaba de que tú eras un asesino de élite y no una gallina que no da la cara- El viejo, malhumorado, tiró a la joven al suelo y se puso a correr junto a mi con una daga. Me parecía increíble la manera que tiene este señor de matar la gente, su arma de verdad parecía ser sus subordinados. Al ver que ya estaba en mi alcance, le di un tajo vertical, separando al viejo en dos partes, bañándose poco a poco en su propia sangre. Buenas noches... Da Vinci Fui junto a Lyneth que yacía en el suelo y la ayudé a levantarse. Perdona de que tengas que ver todo lo ocurrido. Bueno... ya sabes a lo que me dedico y a lo que me refería con "razones laborales" por lo de mi mote.
Finalmente, de un largo camino, la acompañé hasta su apartamento. Bueno, espero que estés bien y de que no te asuste de lo que soy. Esperé impacientemente por su respuesta. |
|  | | Lyneth

 Edad: 17 Localización: Here owó Cantidad de envíos: 90
 | Tema: Re: Apartamento. Dom Ene 08, 2012 10:39 am | |
| Sonrió tras la partida del chico. Realmente le provocaba curiosidad cómo en esta ciudad conocía a la gente -Y lo decía ahora por cómo había conocido al chico de una manera tan peculiar y se habían puesto a conversar unos minutos sin preocuparse por nada o extrañarse por cómo había sido el inicio de toda la conversación-, de formas raras y que nunca había esperado, pero suponía que era por a gente. No es que tuviera algo en contra de la gente, pero le extrañaba un poco ver híbridos en esa ciudad y haber pensado toda su vida que no podría existir ningún ser más allá de los humanos normales. Era interesante como muchas razas se reunía en la urbe llamada Mangetsu y nadie se preocupaba por la cosas que sucedieran ahí. No era una ciudad normal, sin duda. Cualquier cosa podría pasar y sería una cosa normal. De hecho era lo que le obligaba a quedarse ahí, tener muchas aventuras y conocer las cosas extrañas que sucedían, eso le interesaba mucho. Una vez que hubo hablado con el señor del alquiler y pidió informes, se preguntó si realmente le gustaría el lugar, por lo que le pidió al que alquilaba los apartamentos que le permitiera ver uno de momento para saber cómo eran por dentro. El señor había aceptado y ella había recorrido uno de los departamentos vacíos que según las especificaciones de ella, estuvieran mejor conservados –Sí, era un poco especial con eso de las vistas y la limpieza… No era arrogante ni pensaba que no tenía por qué vivir en un lugar como ese, solamente era que prefería trabajar arduamente que vivir en un lugar que fuera bastante mal cuidado-. Sintió mucha sorpresa al darse cuenta que el lugar no estaba tan mal y de hecho, a pesar de ser pequeño era demasiado bueno para el escaso alquiler que pedía el casero. Lo miró un momento intrigada y se preguntó si se habría vuelto loco para cobrar tan poco por un lugar que estaba bien tanto en el cuidado, como en el espacio y localización de la ciudad -Dado que el precio de alquiler subía un poco o bajaba de zona a zona, y esa zona no era taaan barata-. Pero ahora tocaba la decisión más difícil, decidir si quedarse en la casa que tanto le gustaba y le había tomado mucho tiempo arreglar a su gusto o pagar un lugar bastante más barato pero más pequeño y que no estaba mal pero tampoco era lo que ella prefería en cuanto a espacio y diseño. Y es que le daba mucha pereza conseguir un trabajo y dejar atrás sus días de explorar todo un día entero la ciudad para descansar los siguientes, aunque fuera como fuese, tarde o temprano tendría que comenzar a trabajar, pues el dinero no era infinito y no le duraría toda una eternidad. Salió del edificio a toda prisa para tomar aire fresco y poder pensar con claridad lo que quería hacer y lo que le convenía. Era difícil decidir entre dos cosas que te gustaban, en el caso de ella eran un departamento bonito y sus aventuras despreocupadas por la gran metrópolis. Pero aunque detestara elegir y le gustaría que ambas cosas se fusionaran para crear un hogar bonito y barato, al final iba a tener que tomar una decisión, que era lo que se le dificultaba.
Una vez fuera del edificio, caminó por la acera tranquilamente suspirando profundamente. Miró un tipo acercarse por el lado contrario de la acera, al cual le habría prestado mucha atención de no ser porque estaba absorta en sus pensamientos sobre lo que iba a hacer. Aquel hombre era bastante alto y si bien, no era corpulento, a kilómetros de distancia una persona podría deducir fácilmente que peleaba constantemente. Seguramente sería un mafioso. Pasó a un costado de Lyn y ella no le prestó atención, y mucho menos se la tomó a otro tipo vestido de igual forma del otro lado de la calle, ni a uno que estaba sobre un auto negro a seis metros de ella o al tipo que hablaba por celular y miraba a la gente. Hubiera comenzado con su mente paranoica a pensar que seguro iban a secuestrarla, dado que no había nadie más que ellos en la calle, pero no estaba prestando atención y eso le impidió atinar en sus pensamientos. Dio un respigo y soltó un grito cuando alguien le vino por la espalda y le colocó un pañuelo en la boca. Lyneth supo lo que sería e intentó no respirar lo más que podía, observando a dos tipos de traje acercarse y al del auto bajarse y abrir la puerta de la limosina negra bastante lujosa. Uno de los tipos se le acercó por enfrente y Lyneth alzó un pie y le dio una patada en la entrepierna haciendo que llevara ambas manos a la zona bastante adolorido, al mismo tiempo que enterraba sus uñas sobre el brazo del tipo que la había cogido desprevenida por detrás. Él soltó un gemido y apretó aún más fuerte el trapo contra ella, que ya no pudo seguir conteniendo la respiración y desesperadamente intentó respirar, pero se lo impedía el trapo impregnado con una sustancia con un olor fuerte. Lentamente comenzó a sentirse somnolienta, pero antes de caer rendida a los brazos de su agresor, alcanzó a propinarle un codazo muy fuerte sobre la costilla izquierda. El mismo la levantó en brazos mirándola severamente.
-Estúpida niña… Pensé que sería más fácil –Murmuró caminando hasta el auto para meterla y acostarla sobre el asiento trasero del conductor, desmayada. Todos los hombres entraron al mismo auto y se marcharon.
Fue bajada del auto como si fuera una prisionera. No es que se estuviera resistiendo en verdad al “secuestro” que le habían hecho, pero tampoco era como si le gustara. Simplemente había entendido que eran muchas más personas que ella y aunque quisiera huir no podría. Prefería mantenerse calmada que pasarla mal luego por su mal comportamiento. Además, aunque fuera una prisionera y todo, se había divertido mucho anteriormente jugando con sus secuestradores cartas, pues para que no se aburriera por todo el tiempo que iba a pasar ahí esperando a quién sabe qué, los guardaespaldas de un señor que tenía un nombre raro le habían propuesto soltarla y desamarrarla solo en caso de que se comportara, para jugar una partida. Presa del aburrimiento sin pensárselo había aceptado. Y tras una hora de diversas revanchas propuestas por los guardaespaldas sin éxito, se le había olvidado por completo que no estaba ahí por su propia voluntad, pues al haberle ganado en todas las partidas a los guardaespaldas y haberse divertido con ellos, bromeando como si se conocieran de toda la vida, le había remplazado los pensamientos de preocupación y encierro. Estaba de pie al lado del señor que la había agarrado con los ojos cerrados, un poco somnolienta y con dolor de cabeza provocado por la escopolamina con la que le habían dormido. Escuchó un bullicio y giró su cabeza levemente para mirar en dirección al sonido. Tal y como si le hubieran echado un balde de agua fría sobre la cabeza, abrió los ojos sorprendida y vio a Travis que atacaba a los guardaespaldas del anciano. Por un momento se preguntó qué haría ahí y le pasó por la cabeza la probabilidad de que él la fuese a salvar. Sin embargo frunció el ceño como pudo y le miró tan mal que parecía como si le odiara, aunque ahora pensaba en hacerlo. “Vale... entonces me da igual. Mátala si quieres, no me interesa.” Eso había dicho y era algo que Lyn no iba a olvidar fácilmente. Estaba bien que recién se habían conocido y que él no tuviera la obligación de salvarla, ¿pero decir que si la mataban estaría bien? Eso era muy malo, muy malo. "Que te jodan". La chica se estampó contra el suelo cuando fue arrojada por el hombre que corrió a atacar a Killer. Se quejó cuando su rodilla se raspó en el suelo y se sentó como pudo mirando su rodilla, absorta en su pequeño dolor e ignorando si lastimaban a Travis o no. De la nada alguien se acercó a ella, haciendo que alzara su rostro para verle. Frunció el ceño cuando le miró, con mucha molestia, pero no le dijo nada. “Ah, muérete” Pensó. E iba a insultarle a irse directo a casa esperando no volver a verle en su vida -Cosa que sería imposible si se mudaba al nuevo edificio-, pero pensó que si la habían secuestrado una vez, podrían hacerlo de nuevo y ella sola no podría defenderse, por lo que le acompañó en silencio a su casa.
-No me asusta lo que eres… -Contestó secamente una vez que se hallaba frente a la puerta de su casa, la cual probablemente dejaría- Y gracias por acompañarme, aunque por tu culpa haya sido secuestrada y me duela la cabeza… Y también gracias por querer que me maten –Susurró esto último con un tono sarcástico.
Off rol: [Disculpa lo largo, puedes hacerlo más corto si quieres xD Por cierto, recuerda que aún no me mudo de departamento y sigo en mi casa propia].
 Gracias Camile por la hermosa firma que me has hecho~ <3 |
|  | | Killer Touchdown

 Edad: 17 Cantidad de envíos: 10
 | Tema: Re: Apartamento. Mar Ene 10, 2012 9:59 am | |
| Mientras acompañaba a la joven Lyneth después de la pequeña batalla que tuve con la banda mafiosa, me fijaba de que estaba cabreada. No me extrañaba, después de que la raptaran por culpa mía, se tiene que enfadar. Fue un largo camino hasta que el apartamento de Lyneth. No estaba segura si se quería mudar. Al llegar, ella me aceptó de lo que era. Mucha gente no se relacionaba conmigo cuando me hice asesino, bueno, y antes tampoco. Al escoger este oficio ya tenía asumido de los gafes, que viene siendo el miedo que ten tendrá la sociedad si eres un asesino y más aún si te enfrentas con otros asesinos, asesinos temidos, ya que si eliminas una serie de eses homicidas, ellos acabarán por amargarte la vida.
Volviendo con la joven, me agradeció por acompañarla aún que me culpó del dolor de cabeza. Y oí algo curioso, me dijo "Gracias por querer que me maten", susurrando, aún que la he escuchado perfectamente. No me aguanté y la acaricié en el cabello a la vez que le regalaba una sonrisa. -No quería que te matasen. Era un juego psicológico. Algo como la psicología inversa. Solo intentaba conseguir lo que me pretendía, ya viste como reaccionó. En vez de matarte te dejó ilesa en el suelo.- Le di un fuerte abrazo para que no se diera una mala imagen de mi, aún que no sé si sería algo violento después de lo ocurrido.-Bueno, ya sabes, si quieres algo, pásate por mi apartamento.- Cuando dije eso, me fui del edificio para dirigirme al mío y descanzar en paz.
Mientras andaba en dirección a mi apartamento, observaba a la luna llena que sobrevolaba Mangetsu. Era hipnotizante su belleza y la luz que emitía, una luz tenue que decoraba la ciudad, que combinaba con la luz de las farolas que estaban situadas a lo largo del camino alumbrando todo a su paso, como el parque y los edificios que se parecían a gigantes. Durante el camino, cambié de opinión y seguí un camino que me llevaba a la cima de un monte. Al llegar a la cumbre, paré a admirar la belleza que me estaba regalando la gran ciudad que era Mangetsu. Hacía frío, mucho frío, pero merecía la pena. Se veía un montón de luces pero lo que más me llamó la atención es que una luz, que alternaba el nivel de la luminosidad. Fijé mi mirada solamente en ésa zona y me di de cuenta de que era un edificio que estaba en llamas. No podía estar quieto de brazos cruzados sabiendo que estaba ardiendo una casa. Como siempre, sin pensármelo dos veces, fui corriendo, guiándome por el humo y la luz ya que cada vez las llamas eran más fuertes. Como desee, llegué al edificio. Había montones de personas, patidifusas. Me paré para recuperar aire ya que no paré de correr desde el monte.
Escuché de que aún quedaba una pareja con su bebé en el interior del edificio. Los bomberos no daban llegado y yo no podía esperar más. Corrí hacie el interior. El fallo es que no sabía en que piso vivía la pobre pareja aún que me mi de cuenta de que todas las puertas estaban abiertas, menos una. -¡Debe de ser esa!- Empecé a toser por el humo y me cegaba un poco, pero no pensaba abandonar lo que empecé. Cogí carrerilla y de un salto combinado con una patada, tumbé la puerta. La habitación semejaba al infierno. Unas llamas rojas e intensas dominaba el piso. Me sentía completamente perdido y el humo estaba poniendo podre mis pulmones. No paraba de toser, pero un suave llanto resonaba, perdido, entre las llamas. Me guíe por el pobre sonido, saltando algún que otro obstáculo hasta que me paré en una habitación. Una cuna, en una cuna, ahí estaba el pobre bebé, junto a una ventana abierta, por donde se escapaba el humo negro. Fijo que la criatura sobrevivía porque la ventana ventilaba el humo a su paso y por lo tanto no llegaba a sus pequeños pulmones. Cogí a la pequeña criatura y me largué de la habitación. Algo no cuadraba, no me había encontrado con la pareja. De vuelta, recorrí todo el piso, protegiendo al bebé para que no le entrase el humo. Registré cada uno de las habitaciones, hasta encontrarlos, pero no era lo que me esperaba. Una cama, adornada con las intensas llamas, y sobre ella yacían dos esqueletos, completamente negros, chamuscados, abrazándose el uno al otro. Sin duda, era la pareja y los progenitores del bebé. Sin poder remediar nada, me fui corriendo. Los bomberos ya habían llegado y han empezado a apagar el fuego. Salí por la puerta principal, con el bebé aún consciente y llorando en los brazos. Sin saber que hacer, fui recto y dejé el bebé en los brazos de una señora, joven, y sin decir responder a las preguntas que me estaba formulando los reporteros de la televisión, me dirigí finalmente a mi apartamento.
Al llegar, me cogí un batido de chocolate y me tumbé en la cama. Era una experiencia horrorosa. No me quitaba de la cabeza la imagen de los cuerpos sin vida, esqueléticos, sobre esa cama que parecía pertenecer al infierno. Poco a poco caí en un profundo sueño. El humo, las llamas, el llanto del bebé y el rostro de la muerte era lo único que aparecía en el sueño. Me desperté sobresaltado ya que estaban petando en la puerta con mucha fuerza. Me daba mucha flojera en abrir, hasta que me levanté de la cama, porque por lo visto no se cansaba el invitado o invitada. -¿Quién podrá ser?... Vaya, me duele todo el cuerpo.- Aún tosía por culpa del humo, pero seguro que se me pasará después de un tiempo. |
|  | | Lyneth

 Edad: 17 Localización: Here owó Cantidad de envíos: 90
 | Tema: Re: Apartamento. Mar Ene 10, 2012 2:25 pm | |
| Cerró la puerta de su casa con cuidado, después de mirar al chico alejarse andado calle abajo por la ranura de la puerta aún sin cerrar. Se apoyó en la puerta cerrada con un rubor ligero en sus mejillas causado por la reciente muestra afectiva que había tenido él para con ella. No estaba muy acostumbrada a que alguien la mimara como si fuera una niña pequeña -Eso por el abrazo y las caricias en tu pelo- y por eso se había alterado un poco. No era como si le gustara, pero tampoco le desagradaba. Era un sentimiento muy Lyneth, yéndose hacia uno de los extremos, pero al mismo tiempo hacia el otro. Un suspiro profundo se escapó de sus labios resecos que temblaron suavemente cediendo ante un bostezo que llegó después. Se cubrió la boca con los dedos de su mano derecha manteniéndola a unos centímetros de distancia de su propia piel. Tras meditar un momento si debía correr a su cuarto y echarse en la cama como una niña pequeña que duerme perezosamente después de un largo día de juego o más bien como una adolescente que tras una borrachera llega a dormirse tal cual a su cama, decidió que primero se ducharía con agua fría para dormir fresca en la noche y pasarse el tormentoso dolor de cabeza que le oprimía el cráneo por lo menos, en lo que cenaba y se arreglaba para dormir. Dio la media vuelta sobre su pasillo y antes de andar se quitó las sandalias para llevarlas luego en la mano mientras caminaba descalza por la casa. Se dirigió a su habitación frotándose el cuello con la mano libre, con tanta calma como si no tuviese nada mejor que hacer que retrasar más su ida a la cama para descansar.
Hundió su cuerpo casi por completo –Solo exceptuando su cabeza, que tomó reposo sobre el borde de la fría bañera de un material plástico- en la tina pequeña que se hallaba en el baño de su habitación. Al sentir el contacto de su piel adentrándose y siendo rodeada por completo por aquel líquido gélido, se tambaleó un poco y la piel se le erizó. Sus poros saltaron de su tez para darle un aspecto comúnmente llamado cómo “piel de gallina”. Sus senos también fueron afectados por la temperatura del agua, haciendo que estos y sobre todo sus pezones se endurecieran por completo. Una bocanada de aire profunda le hizo calmar un poco las sensaciones que se arremolinaban en su cuerpo. El agra helada surtía efecto en su cuerpo, relajándolo después de un día tan extraño y agitado cómo lo había sido hoy. Jamás había pensado que algo así de loco pudiera cruzarse en su camino, y sí, se estaba refiriendo al chico que en un principio cuándo apenas le había conocido le había sugerido un aspecto de un chico agradablemente normal, pero que luego de ser secuestrada por su causa se había corregido a ella sola mentalmente. Pero no solo se había tratado del asesino como “algo loco”, si no el hecho de ser secuestrada para ocuparla como señuelo para Travis aunque no tuvieran nada que ver en realidad, pues apenas le había conocido unas horas atrás y antes de ser raptada solo habían cruzado unas cuantas palabras. Y también contaba el que sus secuestradores la hubiesen subido a una limosina bastante lujosa después de haberla dormido con un líquido del que ella escucharía hablar por primera vez en toda su existencia, después de que le preguntara a sus captores. “Escopolamina”, soltó una pequeña risita pues el nombre de aquella sustancia que tenía los mismos efectos que el cloroformo le recordaban a otra palabra: “Espinaca”. Y por último estaba el que había sido llevada un lugar extraño después de haber pasado toda la tarde jugando póker con sus secuestradores, los cuales claramente no sabían jugar o eran demasiado estúpidos como para que una chica que era dos veces su edad más pequeña les ganara en el ochenta por ciento de las partidas. El estómago irrumpió en sus pensamientos culminando con su momento de paz para pasar a una ducha un poco más rápida. Sentía un vacío en el estómago pues en todo el día no había probado bocado alguno de comida y ciertamente ella era una persona de comer mucho a pesar de su esbelta figura. Se sentó en la bañera dispuesta a apresurar su baño y tomó el jabón líquido y todos esos utensilios que usaba para bañarse -Ya saben, shampoo, una esponja y todo eso. Ah, ya estaban pensando mal (?)-. Tras una ducha bastante relajante y una cena que le había caído tan bien como anillo al dedo, fue a la cama con toda la disposición del mundo de arreglar al día siguiente todo lo que quedara por arreglar, como el posible cambio de departamento por ejemplo.
Ocho de la mañana. Avanzó por la acera vacía, justo como el día anterior. La gente realmente parecía no pasar mucho por esa zona de la ciudad pues era la tercera ocasión que pasaba por allí y volvía a ver todo igual, las calles sin más gente que una o dos personas transitar desapareciendo en calles aledañas. Estaba un poco segura de que no le iba a pasar lo mismo que el día anterior, pero aunque creyera fervientemente en ello y su mismo cerebro le obligara a pensar de esta forma, simplemente no podía evitar mirar a todos lados intentando encontrar algo anormal en la calle que pudiera decirle directamente “huye a un lugar seguro”. Aumentó la velocidad al ver un hombre con un traje de negocios pasar en un automóvil y sin pensarlo siquiera en un momento más estaba corriendo. Llegó al mismo edificio del día anterior con tal agitación que se tuvo que parar en la “recepción” apoyando sus manos en las rodillas para respirar con lentitud, tranquilizando así su profusa respiración. Subió las escaleras después de saludar al dueño del edificio y conversar un par de minutos con él, hablando acerca de lo que planeaba hacer. Tras llegar a un acuerdo, se dirigió al piso dónde había chocado con el chico al subir las escaleras. Cuando pasó por la zona donde ambos se habían topado, no pudo evitar sonreír y reír por un breve instante en el que fue presa de sus recuerdos. No sabía cuál era la dirección porque el chico no le había dicho, pero por suerte abajo había preguntado por él y el señor Atshushi le había dado información al respecto. Llegó a la puerta y tocó un par de veces, luego esperó pacientemente de pie a que le abrieran. Dos minutos después volvió a tocar, esta vez un poco más fuerte que antes. Sabía que estaba allí pues al llegar había preguntado si le habían visto salir, a lo que le habían negado. Tal vez quizá no quería atender a nadie, pero igual Lyn continuó insistiendo, tocando repetidas veces la madera con sus nudillos un poco más fuerte en cada ocasión.
-¡Desayuno! -Antes de que la viera si quiera, le extendió una bolsa de papel de tamaño mediano que si bien no era muy grande, pesaba un poco más de lo habitual. Le sonrió levemente echando la cabeza hacia un lado y sin pedirle permiso sin pasar, con una determinación que solo podía ser de ella sola, se metió en su departamento como se le vino en gana. Una vez adentro, aún sin su permiso, echó un vistazo rápido a todos los cuartos del pequeño departamento buscando la cocina. Una vez que entró en ella, dejó la bolsa sobre la barra y se giró para mirarle esbozando una amplia sonrisa juguetona- Necesito que me ayudes a mudarme como recompensa por haber hecho que pase un mal día ayer~ -Dijo en un tono alegre y cantarín- Pero antes, desayunemos… Tengo mucha hambre -Una amplia sonrisa agradable, infantil, tierna y linda que utilizaba cuando quería convencer a alguien de lo que ella planeaba.
 Gracias Camile por la hermosa firma que me has hecho~ <3 |
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