Seth se encuclillò detrás de un barril, sin estar muy seguro de qué tan buena era su idea. Suponía que a veces se alucinaba un poco, pero según su planteamiento original, en el muelle debía ser uno de los mejores lugares para abordar personas. O al menos esa clase de cosas había oído cuando vivía en el Ghihahen, que en los muelles solía haber mucha actividad.
Aunque, realmente, aquí en Mangetsu no parecía haber mucha. Más allá de gente cargando y descargando cosas de los barcos, Seth no pudo ver mucho. Un crucero enorme parecía acercarse al muelle, pero iba tan lento que honestamente se aburrió de esperar. Sin embargo, se suponía que tenía una especie de deber acuciante, así que se sentó a esperar y a mirar atentamente. Talvez consiguiera sorprender a alguien, o al menos, aprendiera un poco más de como funcionaba esta extraña ciudad, porue no entendía nada de las cosas aquí arriba.
Así que se quedó ahí, viendo a la gente subir y bajar paquetes con instrumentos extraños, intentando averiguar el funcionamiento de aquellas máquinas sólamente viéndolas, intentando mantener los oídos abiertos por si llegaba a aparecerse alguien.