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 Llegada a la noche de Mangetsu

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MensajeTema: Llegada a la noche de Mangetsu   Lun Abr 25, 2011 2:44 am

Por fin había llegado la noche, ya era hora. Estaba agotada de esperar dentro del aeropuerto a que el sol cayese, no soportaba su luz y cuando la música llega a una ciudad, es al caer el sol. Los bares se llenan con espectadores ansiosos de notas que llenen sus mentes de ideales, de ansia de libertad, lucha, amor, desamor; desean que el que se sube al escenario logre robarles un sentimiento, ya sea en forma de aplauso, de risa, de lágrima... Al caer el sol se abren los teatros, se encienden las luces, y comienza el espectáculo. Solo es necesario un instrumento para crear la mas bella de las melodías, en ocasiones ni eso, la propia voz es suficiente para conseguir que quien lo oye suspire de emoción. Eso es la verdadera música.

Me levanté de mi cama improvisada en los asientos de espera en el aeropuerto y cogí la funda del instrumento que me había acompañado en esa ocasión y mi maleta. Acababa de llegar de Londres, la fantástica ciudad inglesa, madre del movimiento punk cuando se formaron los Sex Pistols; con ellos llegó el sentimiento inconformista, las ansias de anarquía, el deseo por la libertad y también la tragedia. Una mujer llevó a uno de los miembros mas carismático de los Sex Pistols, Sid Vicious, a la droga y acabó con su vida, con su música... Ese era uno de los peligros del arte hoy en día. El dón lleva al arte, el arte a la fama, la fama a la droga, la droga al desastre... Y yo sentía que mi deber era proteger a todo aquel músico que mereciese la pena de las garras de la droga y el dinero, evitar que se dejasen atrapar por ellos y hacerles ver que se vive para la música, no de la música.

Aunque... eso no quitaba que no se pudiese hacer de la música tu trabajo, tu forma de ganarte el pan, siempre y cuando respetases tus ideales y no te dejases llevar por las exigencias de los sellos discográficos y todo ese mundillo. Si sabías continuar con lo que te gustaba, no estaba de más sacar un poco de dinero de lo que te gusta.

Caminé fuera del aeropuerto, las puertas automáticas se abrieron a mi paso con un siseo y se cerraron a mi espalda con el mismo suave sonido de antes. Había mucha agitación a mi alrededor, taxis que iban y venían, autobuses, maletas, gente hablando en un montón de idiomas, gente de todas las nacionalidades, había gente llorando, abrazándose, besándose... Un barullo increíble y me estaba poniendo un poco de los nervios, aunque pretendía ignorarlo.

Me acerqué a uno de los taxis que estaba vacios. El conductor estaba fuera de este, apoyado en el capó con un cigarrillo en la mano. Su ropa era un tanto andrajosa; una camiseta de manga corta de Torrente, unos vaqueros algo manchados, sin afeitar y algunas cadenas de oro colgandole del cuello. Nada mas acercarme oí lo que tenía sintonizado en la radio; un supuesto género musical de origen hispanoamericano llamado reggaeton. No podía montarme en el coche de alguien que escuchase algo así y disfrutase de ello, además, lo mas seguro era que no lo quitase en todo el trayecto.

Me alejé rápidamente de aquella procesión de transportes públicos y empecé a caminar con la maleta en una mano y el violín en la otra hacia donde se divisaba la ciudad. Andando no llegaría en la vida, pero se me habían quitado por completo las ganas de coger un taxi después de lo que había visto, esperaba que la cultura musical de esa ciudad no fuese la misma que la de aquel conductor... Caminé fuera de los alrededores del aeropuerto y llegué a una carretera de dos carriles, uno se dirigía a la ciudad y otro salía de esta. La mayoría de autos que pasaban por allí seguían siendo taxis y buses y seguía sin gustarme la idea de usar alguno de aquellos dos...

Seguí caminando hasta llegar a una carretera secundaria, solo era de ida a la ciudad y pasaban pocos coches, pero solo particulares. Eso si que me gustaba mas. Dejé la maleta en el suelo y encontré una caja de cartón vacía por ahí. Cogí un rotulador negro que tenía guardado en mi chaqueta de cuero y con letras grandes escribí: "Mangetsu". Después lo dejé en el suelo, apoyado en la maleta, de forma de que se veía desde la carretera; saqué mi mechero y lo encendí. Moldeé la llama hasta convertirla en un circulo que me rodease, iluminandome a mi y al cartel, de forma que desde la carretera se nos pudiese ver perfectamente. Seguido de esto, abrí la funda de mi Stradivarios de madera negra lacada, donde se veían las llamas reflejadas bellamente, como si cubriesen el violín con lenguas de fuego. Cogí con cuidado el arco y apoyé con suavidad el bello instrumento bajo mi barbilla. Respiré hondo, cerré los ojos con una sonrisa y finalmente el arco rozo las cuerdas con una precisión inimaginable, arrancando un melancólico sonido del violín, una melodía que podría haber arrancado una lágrima de comprensión al mas cruel de los demonios.

Notaba la brisa nocturna acariciar mis piernas y mover mi falda al rededor de mis muslos, acariciando mi piel, el cuello de la chaqueta de cuero me rozaba con la mejilla, pero no me importaba, ahora mismo solo vivía para ayudar a nacer la maravillosa melodía que guardaba el Stradivarius en su interior; el viento transportaba las notas lejos de mí, dejándolas viajar por el cielo estrellado que me cubría mientras aguardaba que alguien escuchase mi melódica llamada.
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