Shugoichi Tercer Nivel.


 Edad: 17 Localización: Posiblemente tumbado en un banco, comiendo un chupa, cubierto de mis hondos pensamientos. Cantidad de envíos: 84
 | Tema: En busca de información. Sáb Dic 11, 2010 11:49 pm | |
| Estaba yo en mi cama, durmiendo, hasta que la luz del sol de la mañana me iluminó el rostro haciendo que me despertara. A continuación, me levanté, y me fui vestir y ir a la cocina a preparar mi desayuno. Un día normal, como parece. Al estar, como siempre, en mi sillón, haciéndose tarde ya, estaba recordando hechos pasados y sobre todo el deber que tenía pendiente en acabarlo, ya que también era importante. Tenía que pasarme por el reino de los males, de las almas muertas condenadas a una tortura interminable, el Infierno. Un día, en el pasado, mi tía me contara de que en esta ciudad había un bar en la que me podía ayudar en dar el primer paso, principalmente en adentrarme en el dicho Infierno. Recordé de que me diera una nota con el nombre del bar. Me fui a mi habitación a buscar por mi maleta, que estaba guardado en el fondo del armario. Tal cual, lo abrí y me puse en busca de la nota que contenía el nombre del local. Al cabo de un rato la econtré. Me agaché delante de la cama y así coger mi estimada espada que me regalara mi padre. Mi espada, una arma de hoja oscura con tramos rojos intensos como la sangre, empuñadura de un color índigo, el cuerpo de la arma tenía forma de cruz con unas esquinas puntiagudas en las que tenía como un fino trazo blanco. Le pasé un trapo ya para quitar el polvo y que se deja ver es brillo del material oscuro. Me desplacé para el piso de abajo, hacia la salida, con ella en hombro y cogiendo mi chaqueta y sombrero que estaba en un perchero justo al lado, así abriendo la puerta y saliendo hacia el esterior. Cuando puse ambas prendas, me equipé con una cadena rodeándome horizontalmente mi torso para poder envainar la espada, ya que no hay posible vaina para la espada por su forma de cruz, y me puse rumbo hacia el bar. Después de guiarme con la nota, en la que tenía apuntado el nombre y la dirección del local, se estaba poniendo el sol bañando la ciudad en una oscuridad, hasta que encendieron las luces. Atravesé callejones y más hasta que di con el local, que estaba algo impaciente para encontrarlo. Tenía el típico logo de la jarra de cerveza, muy mítica, en un cartel de madera colgando de la entrada. Por fuera era todo de madera, algo viejo ya, como si fuera de los antiguos, que seguro que lo era. Abrí la puerta, entrándome al interior del local. Había mucha gente hablando, riendo, peleándose, jugando al "póker", dardos, billar... etc, y humo, por los varios fumadores que estaban en presente. Tenía una luz tenue. Dabe pasos, haciendo sonar involuntariamente la cadena, así hechando un vistazo por todo el local, admirando el decorado que tenían. Igual que en el extarior, en el interior era todo de madera, con cuadros que tenían fotos, seguramente del dueño con sus compañeros, y decoraciones algo que llamaban la atención, como una hacha de dos manos, en una pared, una cabeza de un reno, una ancla, hasta tenían una pianola, vieja, llena de polvo... Seguí andando hasta ponerme en frente de la barra para poder hablar con el camarero. El camarero era un señor ya algo viejo, con un bigote en lo cual parecía que le tapaba los labios y ya tení el pelo con canas y medio calvo. Le pedí una jarra de cerveza, para solo pasarme como un cliente normal. Cuando me trajo la bebida, le pregunté al oído sobre el dueño, a lo que él me respondió que el dueño ya había fallecido hace un tiempo. Le pedí disculpas y seguidamente le pregunté si sabía como poder adentrar al Infierno, a lo que él me ha vuelto contestar que no sabía nada de eso y que era un loco al intentar adentrarme al mundo oscuro, no lo dijo nada alterado, ya que no era su problema. Le di las gracias y llevé mi pedido ha una mesa solitaria, con un par de sillas, en un rincón oscuro, pensando sobre como podía ahora conseguir información. Dejé la espada apoyada contra la pared, para que no me molestara al sentarme y posarme contra el respaldo de la silla. Cogí la jarra y di un pequeño sorbo a la cerveza, a lo que dije en un tono bajo para mi: -Hmm, no está mal... |
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